Volver a escribir, después de un superclásico…
En todo este tiempo, desde que volvimos, seguimos viendo un
River desorientado. Un equipo que no logra establecer una regularidad, como lo
marca la historia de esta institución.
En las primeras cuatro fechas es equipo obtenía resultados
aunque sin jugar bien, luego, mas de lo mismo. Un entrenador que no encuentra
el equipo de memoria, jugadores que pasan por momentos de intermitencia,
refuerzos que no podían hacer su debut (Mora, Botinelli y Luna)…
Luego de ese “buen” inicio de torneo el equipo se cayó, siguió
acentuando su mal juego y para la desgracia del hincha, los malos resultados
comenzaron a aparecer.
No pudiendo ganar en el monumental y jugando cada vez peor y
contra rivales de mejor actualidad como Velez o Newell’s el plantel entró en
conciencia de la cruel realidad de este equipo. Lejos de la punta y del pelotón
que lo sigue de cerca, lo más importante era no aparecer en la zona baja de ese
maldito promedio.
Cuando parecía que volvían los murmullos del último torneo
en primera, llegaron los resultados que el público esperaba ansioso.
Había que ir de visita a la casa del campeón, un campeón disminuido
y tambaleante, pero que no dejaba de tener armas para volver a resurgir.
Arsenal en el primer tiempo fue un duro rival. Apareció Ponzio
(quien es sin lugar a duda el punto de mayor rendimiento del plantel)
recuperando una pelota y yendo a buscar el gol con un remate de larga distancia
que hizo desahogar a mas de uno.
Pero River jugaba mal y no hubo cambios en el juego hasta el
segundo tiempo donde la contundencia fue la protagonista de la noche. River
Ganó y Goleó.
Distinto fue el panorama cuando toco recibir a Godoy Cruz,
los mendocinos buscaban volver a la regularidad de los años anteriores, volvía
el turco Assad al banco para devolverle el espíritu. Pero el tomba, hoy, es un
rival débil, sin filo, sin agresividad.
River jugó bien, tuvo un partido sólido sin errores.
Esta vez el resultado mostró lo que sucedió dentro de la
cancha.
Por primera vez en el ciclo Almeyda la banda Ganó, Gustó y
Goleó.
Las dos victorias abultadas y el parate por los partidos de
eliminatorias, le dieron tiempo al plantel para disfrutar y saborear el
momento, cerca del clásico, pero con una prueba más anterior a recibir a Boca.
Quilmes, ese equipo con el que se luchó codo a codo para
volver a nuestro lugar. Ese rival que nos siguió de cerca todo el año pasado.
Un rival diezmado, con pocos resultados favorables, hundido
en la tabla de promedios.
Un rival al que hay que ganarle y agrandar distancias.
Jugábamos un partido contra nosotros mismos, en el que había
que demostrar que hay carácter, que hay solidez. Que el temple para los
partidos importantes está.
Pero no. River no jugó.
Quizás jugaron pensando en el partido que sigue, quizás no.
Lo importante es que si no se gana, no hay que perder. Menos
estos partidos.
Y al igual que vs Godoy Cruz (con JJ como DT) si ganábamos
nos posicionábamos para pelear el torneo y nos alejábamos de la zona roja. Y si
perdíamos nos hundíamos.
Y llegó el domingo y la visita de nuestros eternos rivales.
Empezamos con el pie derecho, golazo al minuto de Ponzio, si
otra vez Ponzio.
Y dominamos. Lo pasamos por arriba a un boca tímido e impreciso.
Tuvimos la pelota, presionamos, molestamos, pusimos de
costado a la defensa rival.
Pero no fuimos punzantes.
El segundo tiempo nos trajo mas problemas, las dos lesiones
que dieron lugar a la utilización de dos cambios en los primeros quince minutos
del primer tiempo (Funes Mori y Aguirre) nos impidieron corregir algunos
errores en mitad de cancha, donde en el primer tiempo habíamos sido muy
superiores.
Boca avanzaba en el campo, la defensa del millo bien parada
en el borde del área y el equipo partido para salir de contra.
Así llegó el segundo gol y la euforia que desplegó la
gambeta de Mora a Orion y la posterior definición para el 2 a 0.
Y con el segundo gol, en situaciones normales, imagino que
venia acompañando un cambio, para cerrar el partido. Pero había uno solo y con
David en cancha y la lesión que lo aflige, mejor esperar.
En los avances de boca no había profundidad, hasta que un
pelotazo le llego a Silva, quien descargó buscando a Acosta y el cabezon
Gonzales Pirez no lo vio y lo bajo al intentar rechazar.
Penal. 2 a
1.
Ahora si, era momento de un cambio. Pero, quien sale?
Trezeguet tenía que convertir, por ser su último partido y
porque todos estábamos esperando y deseando su gol.
Mora era la figura del partido, el que más incomodaba a la
delantera rival.
En defensa estábamos relativamente bien.
La clave, el mediocampo.
Ponzio no podía salir.
Cirigliano jugó un muy buen partido y aun tenia resto físico.
El apuntado debió ser Sanchez, quien mostraba cansancio y
que con el ingreso de Colazo fue perdiendo explosividad y cada vez que subía,
el jugador rival le ganaba la espalda.
Almeyda no pensó así.
Funes Mori a la cancha en lugar de Mora.
Ya terminaba el partido, se saboreaba la victoria. Las gradas
eran una fiesta, el público alentó los 90 minutos, mientras la hinchada rival
estaba helada por el mal partido de su equipo.
En la ultima contra Funes Mori desbordó por la izquierda y
tiro el centro para que David hiciera su gol. Lamentablemente el remate dio en
Burdisso.
El rebote lo toma un juvenil de boca (¿Dónde estas Sanchez?)
Traslada el balón hasta mitad de cancha, cómodamente. (¿Y? ¿Dónde
estas Sanchez?)
Pasó mitad de cancha, en zona lo marcaban Cirigliano, Ponzio
y Trezeguet que bajo luego de su remate. (¿Dónde estas Sánchez?)
Y así llego el pase para Acosta, que envió el centro a
Silva, que quiso bajarla de pecho para rematar, pero en el intento la pelota salia
desviada hacia arriba y al centro del área y Erviti aprovecho una salida tibia de
Barovero y marco el 2 a
2 final.
Y solo para quienes no saben donde estaba Sanchez…
En la contra que inicia Funes Mori, el uruguayo atacó el
espacio por detrás de Trezeguet.
Yo me pregunto porque en el minuto 92 un jugador que ya esta
exhausto gasta sus ultimas energías en un ataque que iba a tener como único
destinatario a David Trezeguet?
Lo más triste no es el error de sumarse al ataque. Lo más
triste es haber recuperado su posición trotando al más lento galope posible. Mientras
el jugador que el debía marcar iniciaba mas lentamente aun, el ultimo intento
por empatar el partido.
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